Con extrañeza los colombianos hemos visto que nuestra carta política es más fácil de modificar que la ley general del presupuesto, o que cualquier otra norma sea ordinaria o estatutaria.
Por cuenta de la implementación del acuerdo de paz y el trámite expedito bautizado con el odioso anglicismo del “fast track”, nuestro derecho constitucional y parlamentario ha sufrido toda suerte de traumatismos legislativos, y se ha convertido en un proceso validador de situaciones de hecho que se consolidan aun por encima de la voluntad del constituyente primario.
Feb 23
2021

