En un momento de ocio, como los que mi generación se suele regalar como terapia a la realidad, o como mecanismo de adaptación por haber evolucionado en un mundo cambiante-tecnológico que puso a nuestra merced instintiva un espacio infinito de posibilidades, conocimiento y estímulos de forma simultánea, que generó una necesidad constante de activación de nuestro sistema de recompensas, lo que yo llamo el Sistema de Necesidad de satisfacciones inmediatas y consecutivas todos los días, y que finalmente nos ha llevado a revalidar la finalidad de la vida más allá del status quo establecido por la generación antecesora o de los parámetros racionales de seguridad y orden. En ese momento de ocio filosofal de redes sociales, me topé con una imagen que buscaba ridiculizar las nuevas tendencias musicales, el autor de esa imagen compartió 2 partituras: una de Beethoven y otra de algún cantante popular actual, haciendo evidente la abismal complejidad de una partitura clásica frente a la simpleza de la moderna.