La inevitable reforma Tributaria 2021

Editorial

La inevitable reforma Tributaria 2021

La inevitable reforma Tributaria 2021

 

 

Por: Ing. Abdón Sánchez Castillo -Master of Business Administration (MBA) Universidad de los Andes. 

 

 

La mayoría de personas de este planeta estarán felices porque este año está llegando a su fin, después de dejarnos enfermedad, miedo, muerte, confinamiento y recesión económica. No obstante, es tan solo un consuelo de inocente, porque los problemas siguen sin cambios significativos.

 

El COVID-19, autor de los desastres de este año, en vez de disminuir parece haber tomado más fuerza y está atacando sin clemencia, en todas partes del mundo, especialmente en Europa y América.

 

La vacuna, aunque ya inició su distribución y aplicación, no parece que pueda avanzar más rápidamente que el virus, especialmente en países como el nuestro. La economía golpeada por la recesión causada por la parálisis de todos los sectores productivos, muestra una lenta recuperación, que es difícil de percibir, debido a que todavía tenemos el virus haciendo de las suyas, y por tanto la gente se abstiene de realizar muchas actividades.

 

Los restaurantes, bares, comercio al por menor, construcción, manufactura, servicios en general y sector del turismo, entre otros, están aún muy afectados, y su recuperación es muy lánguida. Todavía falta mucha agua por pasar por debajo del puente para que podamos considerar que la tormenta ha cesado.

 

Para rematar, además de la recuperación económica, también tenemos que soportar una inminente reforma tributaria, cuya finalidad será exclusivamente la de tratar de equilibrar las finanzas del estado, deterioradas gravemente debido al incremento de la deuda pública, la cual pasó del 50% al 65% del PIB, es decir 150 billones de pesos adicionales en un año, esto debido al gasto incremental ocasionado por SARS-COV-2 (6%) y nuevas necesidades (2%) en infraestructura, seguridad social, etc., además de déficit estructural (2%).

 

Según declaraciones del Ministro Carrasquilla, la reforma se centrará en las exenciones que no sean necesarias, eliminándolas para incrementar el recaudo. La pregunta clave será, ¿cuáles no serán necesarias en este momento de crisis para cualquiera de los sectores en la mira del Ministerio? Actualmente están dadas para servicios como la educación, la salud, temas financieros, transporte, agricultura, según la DIAN, estas exenciones suman 74,9 billones al año en materia de IVA, mientras que en el impuesto a la renta los descuentos serían de 17 billones.

 

En IVA, en el sector turismo hasta ahora fue excluido y en forma temporal, debido a los efectos de la pandemia, y con el único objetivo de incentivar la demanda de estos servicios, no obstante, persiste la propuesta de reducir este impuesto en forma indefinida, como forma de incentivar su crecimiento.

 

Para los demás sectores mencionados, el análisis puede ser similar, por ejemplo, en el sector transporte, incluir IVA en este, implicaría adicionar costos, que terminarían afectando la competitividad del país en cuanto a precios en productos de exportación, menoscabando incluso la canasta familiar, para no hablar de la afectación en la movilidad que terminaría perturbando a todos los sectores de la economía.

 

En cuanto a la agricultura, el panorama es incluso más crítico. Pretender gravar los alimentos con el impuesto de valor agregado, así sea con un 5%, puede ser demasiado riesgoso, no solo para los agricultores, empobrecidos en su mayoría, por la fuerte competencia de las importaciones, y por los precios fluctuantes del mercado nacional, sino también sería equivalente a darnos un tiro en el pie y poner en riesgo nuestra capacidad auto alimentaria. Ese lujo no nos lo podemos dar, y menos en estos momentos.

 

Para el sector financiero, el GMF (Gravamen a movimientos financieros) está a punto de desaparecer, supuestamente en el 2022, no obstante, así como están las cosas, valdría la pena reconsiderar el aplazamiento de dicha eliminación, ya que no estamos en el mejor de los momentos para hacerlo. Incluir IVA o GMF en otras transacciones, por ejemplo, entre cuentas de la misma persona (natural o jurídica), no parece racional y puede resultar contraproducente.

 

Hablar de IVA en la educación, para un país con deficiencias tan grandes, desde el punto de vista de ciencia, tecnología y preparación de sus ciudadanos, resulta simplemente absurdo.

 

En resumen, no le quedará fácil al gobierno cambiar las actuales exenciones de IVA, sin afectar su anhelada recuperación económica y sin afectar algún sector importante de la economía.

 

En cuanto al impuesto a la renta, solamente quedaría el camino de ampliarla a personas naturales con ingresos más bajos, a los establecidos actualmente, es decir, $49,850,000 anuales, $ 4,154,167 mensuales.  Seleccionar el valor mínimo de ingresos para declarar no será trivial, además, este tipo de iniciativas tendrá muchos enemigos (gratuitos y pagos), a quienes les quedará muy cómodo atacar el gobierno, utilizando el viejo argumento, de que se pretende poner a tributar a los pobres y clase media, mientras los ricos (según ellos las empresa y personas naturales de altos ingresos), siguen pagando lo mismo.

 

Creo que hay un impacto positivo muy grande, en cuanto a recaudo se refiere, que al parecer aún no se ha medido en forma apropiada por parte de la DIAN y el gobierno: la facturación electrónica. Esta medida que obliga a todas las empresas, grandes, medianas o pequeñas, incluso microempresas y personas naturales a facturar en forma electrónica, a partir de junio del 2020, traerá consigo muchos beneficios para el recaudo de los impuestos. Seguramente empezaremos a ver como las ventas se incrementarán en muchos negocios, debido a que antes simplemente no se hacía facturación. De este hecho saldrá recaudo adicional de IVA e impuesto a la renta, y posiblemente retención en la fuente.

 

Encontrar el punto de equilibrio, que permita por un lado tapar el hueco fiscal dejado por la pandemia del SARS-COV-2, y por otra incentivar la producción nacional, los servicios y la generación de empleo, parece una utopía. En algún punto se tendrá que hacer un TRADE-off, sacrificando algún sector de la economía o grupo de personas, todo por el bienestar general, tan solo que escoger al sacrificado o sacrificados, no es una tarea para nada envidiable. Esperemos que el gobierno tome una decisión sabia en este sentido, y el impacto negativo sea mínimo para las personas afectadas y muy positivos para toda una economía.

 

 

 

 


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