Bogotá recibe en Barcelona el World Smart City Award 2026 por su estrategia de vivienda social
Bogotá recibe en Barcelona el World Smart City Award 2026 por su estrategia de vivienda social
El programa “Mi Casa en Bogotá” fue reconocido en la categoría Housing Award, entre 533 postulaciones procedentes de 68 países. El reconocimiento internacional destaca una política que integra el acceso a vivienda asequible, la inclusión social, la recuperación de barrios y la movilidad urbana.
Bogotá acaba de obtener un importante reconocimiento internacional en materia de vivienda y transformación urbana. El pasado 04 de noviembre de 2026, en Barcelona, la capital colombiana recibió el World Smart City Award 2026, en la categoría Housing Award, por su estrategia Mi Casa en Bogotá, liderada por la Secretaría Distrital del Hábitat.
La distinción se entregó durante el Smart City Expo World Congress, celebrado del 03 al 05 de noviembre en la ciudad catalana, dentro de un encuentro de referencia internacional en el que ciudades de todo el mundo presentan iniciativas innovadoras en materia de sostenibilidad, tecnología y desarrollo urbano. En esta edición, los World Smart City Awards recibieron 533 candidaturas procedentes de 68 países.
En la categoría de vivienda, la propuesta de Bogotá llegó a la fase final junto con otros tres proyectos: Caximba New Neighbourhood, de Curitiba (Brasil); Urla: Housing the Whole Year, de Turquía; y Rock the Block, de Aigaleo (Grecia). Finalmente, la iniciativa Mi Casa en Bogotá obtuvo el reconocimiento, situando a la capital colombiana en el escenario internacional de las políticas innovadoras de vivienda.
Pero ¿qué hace especialmente relevante este premio? La respuesta está en la concepción de la política de vivienda que representa, porque Mi Casa en Bogotá no se limita a facilitar la adquisición de una vivienda mediante subsidios, sino que conecta el acceso a un hogar con la inclusión de los sectores más vulnerables, la transformación de los barrios y la proximidad a los sistemas de transporte público.
Los finalistas cuatro proyectos, cuatro respuestas al desafío habitacional
La categoría de vivienda reunió cuatro propuestas que, desde contextos y realidades diferentes, buscan responder a uno de los grandes desafíos de las ciudades contemporáneas: garantizar el acceso a una vivienda adecuada y asequible.
Junto con Bogotá llegaron a la final las siguientes iniciativas:
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Caximba New Neighbourhood - Curitiba, Brasil.
El proyecto plantea el traslado de familias que habitaban un asentamiento informal afectado por la contaminación y expuesto a inundaciones hacia un nuevo barrio cercano, dotado de servicios y equipamientos. La propuesta contempla viviendas con energía solar, centros educativos, instalaciones sanitarias y servicios sociales, además de la titulación de los terrenos. Uno de sus elementos destacados es que el proyecto fue diseñado y supervisado con participación de la comunidad.
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Urla: Housing the Whole Year – Urla, Turquía.
Esta iniciativa aborda el aprovechamiento de segundas residencias infrautilizadas. Su objetivo es convertir espacios de ocupación estacional en comunidades habitables durante todo el año, mediante modelos de vivienda compartida, movilidad compartida, espacios públicos adaptables y servicios locales. La propuesta busca reducir la estacionalidad y favorecer barrios más conectados y resilientes.
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Rock the Block – Aigaleo, Grecia.
Financiado por la Unión Europea, este proyecto aborda la asequibilidad de la vivienda mediante intervenciones a escala de edificios, procesos de codiseño participativo y nuevas herramientas municipales. Su planteamiento busca generar resultados sociales, espaciales y de gestión pública que puedan reproducirse en otros entornos urbanos.
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Mi Casa en Bogotá – Colombia.
La propuesta ganadora que concibe la vivienda como un instrumento de transformación socioeconómica. Su enfoque integra subsidios y mecanismos de apoyo para facilitar el acceso a una vivienda, mejorar las condiciones habitacionales de las familias y reducir las barreras económicas que dificultan la adquisición de un inmueble. A ello suma una dimensión territorial: promover barrios revitalizados, conectados con el transporte público y con mejores condiciones de vida.
La comparación permite observar que no existía una única respuesta al problema de la vivienda. Mientras Curitiba se concentró en el reasentamiento digno, Urla en el aprovechamiento de viviendas infrautilizadas y Aigaleo en la intervención participativa de edificios, Bogotá presentó un modelo de política pública que articula acceso, financiación, inclusión y transformación urbana.
¿Qué se valoró para conceder el reconocimiento?
Las condiciones oficiales de los World Smart City Awards 2026 establecieron que los proyectos debían demostrar un equilibrio entre innovación, impacto probado y viabilidad para continuar desarrollándose. No se trataba, por tanto, de premiar únicamente una idea o una iniciativa anunciada, sino de valorar propuestas implementadas o en proceso de ejecución.
Entre los aspectos contemplados en la evaluación se encontraban:
-Innovación y relevancia: que el proyecto abordara un problema urbano real y ofreciera una respuesta original.
-Impacto verificable: que demostrara resultados concretos y, en la medida de lo posible, cuantificables.
-Participación ciudadana y codiseño: que incorporara a la ciudadanía en la formulación y desarrollo de las soluciones.
-Inclusión: que identificara y atendiera las necesidades de grupos con mayores barreras, considerando factores como género, pobreza, edad y condiciones sociales.
-Viabilidad: que acreditara posibilidades reales de ejecución, sostenibilidad financiera y continuidad.
-Capacidad de réplica: que pudiera adaptarse a otros territorios o contextos.
-Colaboración entre actores: que contemplara alianzas entre instituciones públicas, sector privado, organizaciones sociales y ciudadanía.
-Solidez de la información: que los datos aportados fueran fiables y sustentaran los resultados comunicados.
El procedimiento contempló una primera revisión técnica y la evaluación de expertos para seleccionar a los finalistas. En la fase de elección de los ganadores de las categorías de proyectos se tuvieron en cuenta las evaluaciones y observaciones del Comité de Expertos.
Estos criterios ayudan a comprender la importancia del resultado de Bogotá: la política de vivienda fue reconocida dentro de un marco que valora tanto la respuesta a una necesidad social como la capacidad de demostrar resultados, sostener la iniciativa y generar aprendizajes transferibles.
Las cifras sociales detrás de Mi Casa en Bogotá
Los datos divulgados por la Alcaldía de Bogotá y la Secretaría Distrital del Hábitat permiten dimensionar el alcance social de la estrategia.
Según el balance institucional publicado con ocasión del premio:
Tres de cada cuatro familias beneficiarias tienen ingresos de hasta dos salarios mínimos.
El 64 % de los subsidios se ha asignado a mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar.
Más de 3.900 víctimas del conflicto armado han accedido a una vivienda nueva.
Unas 2.500 familias han mejorado las condiciones de sus viviendas.
El alcalde Carlos Fernando Galán también señaló que el programa había llegado a aproximadamente 40.000 familias y que la Administración distrital espera ampliar ese alcance.
La política contempla distintos mecanismos de apoyo relacionados con el arrendamiento, la adquisición de vivienda y el mejoramiento habitacional. Entre ellos se encuentran ayudas para hogares que necesitan apoyo para completar la compra, reducir el valor de sus cuotas o mejorar las condiciones estructurales y de habitabilidad de sus viviendas.
Sin embargo, el elemento que merece especial atención es que los resultados no se miden exclusivamente por el número de subsidios. La Administración también ha informado avances en la ubicación de los proyectos y en la recuperación del entorno urbano.
Por ejemplo, los subsidios asignados en barrios centrales o en procesos de revitalización pasaron del 4 % al 14 %. Asimismo, más de 6.300 subsidios se han ubicado en entornos del Metro, TransMilenio y TransMiCable. La estrategia contempla, además, 88 proyectos de vivienda alrededor de la primera línea del Metro, de los cuales seis de cada diez corresponden a vivienda de interés social.
Estas cifras muestran la intención de conectar la política habitacional con la movilidad y la planificación urbana: no basta con facilitar el acceso a una vivienda; también importa dónde se encuentra, qué servicios tiene cerca y qué oportunidades ofrece a las familias que la habitan.


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