Reforma tributaria, Regla Fiscal y Realismo Mágico: Crónica Tributaria de un País Anunciado

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Reforma tributaria, Regla Fiscal y Realismo Mágico: Crónica Tributaria de un País Anunciado

Reforma tributaria, Regla Fiscal y Realismo Mágico: Crónica Tributaria de un País Anunciado

 

En la narrativa fiscal del actual gobierno, la regla fiscal es como un personaje de Gabriel García Márquez que aparece con solemnidad, desaparece sin despedirse y regresa transformada, como si nunca hubiera roto un plato. Se suspende con discursos épicos y vacuos, prometiendo su pronta resurrección y, entre tanto, se lanza una reforma tributaria que, como tantas otras, pretende ser la salvadora de las finanzas públicas… pero que se hunde antes de tocar puerto, víctima de sus propios remiendos.

Cuando el Congreso se muestra reticente, el Ejecutivo opta por la vía más expedita, esto es, gobernar mediante decretos. Aquí Kafka se cuela por las rendijas del Palacio, en un aparato normativo que se justifica a sí mismo, produce disposiciones que parecen no tener destinatario claro y donde el contribuyente se siente protagonista involuntario de un proceso sin principio ni fin.

En medio de esto, las alocuciones presidenciales adoptan un tono cantinflesco y delirante, salpicado de referencias a Macondo, como si el país entero fuera una novela en la que los ministerios entran y salen de escena como actores de reparto, sin libreto ni dirección fija. Los titulares duran lo que un párrafo en el Diario Oficial, y las políticas cambian con la misma frecuencia con la que en Macondo llovía cuatro años, once meses y dos días.

La economía real, sin embargo, no entiende de metáforas. No hay crecimiento sostenido, la comunicación con los empresarios es un espejismo y las decisiones parecen responder más al impulso del momento que a una estrategia estructural. En tributación, como en la literatura, las buenas historias requieren coherencia, construcción y sentido; pero en este caso, la improvisación se ha convertido en el verdadero impuesto que pagamos todos, y su costo —aunque no figure en las cuentas nacionales— es mucho más alto que cualquier déficit fiscal.

Y pensar que, con tanta improvisación, si esto fuera un circo, al menos venderíamos boletas; pero aquí, el show es gratis… y lo pagamos todos.

En Macondo la lluvia terminó, acá la tormenta de decretos sigue; Si Aureliano tuvo sus guerras, Petro tiene sus reformas, ambas igual de interminables y con el mismo final… todo queda en el papel y en este caso, Gustavo Petro, quien se cree un Aureliano (no sabemos cuál de todos) sabría dónde esconderse de tanta improvisación en el manejo de las finanzas públicas y experimentos tributarios.

 

 

Oscar A. Rueda

Abogado tributarista y Docente Universitario 

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