¿QUIÉN DIJO MIEDO?

La cultura del miedo está muy arraigada en la sociedad colombiana, herencia de occidente, la madre patria, (que de madre no tiene nada) desde  1.492, época que partió en dos la historia del planeta.  Se descubría en ese entonces un nuevo mundo que traería riquezas para los reinos españoles y el colchón financiero para el futuro sistema económico, el capitalismo, a través de los bancos europeos que financiaron el mal llamado descubrimiento de “nuevas” tierras.

Los viajes de Colón al continente Americano, que no es más que un hecho atroz, miles de bandoleros llegaron a saquear, robar y torturar  a los verdaderos colombianos que vieron como su tierra se convirtió en un desordenado y corrupto país al cual llamaron Colombia.  Aunque un final triste para los nuestros y feliz para ellos, los europeos, pues multiplicaron por muchos dígitos sus riquezas e hicieron cada vez más desigual la historia de la humanidad. 

Mientras tanto, nosotros, los colonizados, los herederos de todo este show llamado la colonia mirando cómo es que el país era literalmente digerido por los “patrones o dotores” que a lo largo de 524 años, léase bien, quinientos veinticuatro años nos han engañado por que creemos en las hazañas que después de un periodo presidencial llegara un héroe a salvar la patria, a darle mejores oportunidades a un país civilizado como ellos nos lo pregonan, una metrópoli futurista diría un alcalde de Bogotá cuyo nombre no recuerdo pero que sé que no es “dotor” porque es la noticia escandalosa del momento.

Acaso ese ha sido el plan fraguado por la descendencia de esos mismos personajes de la mal llamada Conquista (porque ninguna persona se dejaría conquistar de esa manera, pues tan románticos) el problema ha crecido y tiene tantos años que el pastel para celebrarlo es tan inmenso que menos de 50 familias se lo han repartido por todo este tiempo, nosotros como  a comienzos de la época del siglo XIX de los chinos bogotanos, solo sabemos asentir con la cabeza a la distancia por moronas que quedan de esos contratos, perdón de ese gran pastel, andamos en gallada cuando buscamos problemas, miramos televisión para educarnos y le quitamos al más pendejo si se deja. 

Este es el sujeto que se ha configurado en la historia de Colombia, que hay excepciones, claro que las hay, pero estoy hablando del país que vendió su Hidroeléctrica más grande para construir carreteras 4G y quedar add portas de un apagón y comprarle energía eléctrica al vecino Ecuador, al mismo que tiempo atrás se le vendía.  Hablo del país que para vergüenza propia tiene niños muriendo de sed en el departamento de la Guajira porque desviaron un rio para la explotación del carbón que se roban a cielo abierto en el cerrejón con una licencia de 200 años que regalo el Expresidente Michelsen a cuatro empresas transnacionales y todo porque son indígenas, colombianos de segunda o tercera clase, cuando son ellos los que más derecho tienen sobre este país del sagrado corazón ya que ellos llevan por lo menos más de un milenio por acá y por allá, ¿en la cabeza de quién o quiénes cabe esto? Y ni decir del nacionalismo fascista que se aprovecha del que se cree rico porque tiene algún activo, como casa, carro y empresa pero que no hace parte de esas 50 familias tradicionales colombianas.

El problema es tal que nos dicen que somos el país más feliz del mundo y somos el cuarto con más inequidad del planeta.  Eso da miedo y mucho. Pero entonces, ¿qué se puede hacer? por lo menos cuando hayan elecciones por favor VOTE y a CONCIENCIA: está comprobado que casi el 53% de la población apta para votar no lo hace, el casi 10% vota en blanco y el 37% restante es clientelismo, tamales, lechona, un lleras, camisas, mercados y uno que otro distraído sobre el hecho.

Actualícese de las noticias de su país y sea crítico con lo que los noticieros de televisión le venda, recuerde que las noticias nos la cuentan ellos, indague, pregunte, comparta, consuma, discuta todo lo que ve, consulte con amigos y familiares cercanos que tengan sentido común y sea sobre todo confiables, que no nos de miedo pensar, que no nos de miedo exigir una mejor Colombia y sobre todo que nos de miedo leer.

Escrito por:

Ciudadano de a pie


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