EL MUNDO M

Escrito por: Juan Camilo Rojas Arias

EL MUNDO M

Siempre he creído que el mundo es algo más que nuestro entorno y nuestros apegos pero sobre todo más que nuestra forma de entender el mismo. Es propio de las personas dar matices a la realidad desde su campo de conocimiento, es por esto que ante determinados hechos de la realidad, las reacciones son asimétricas y dependerán en gran parte por los códigos fundamentales de conducta de cada grupo y subgrupo dentro de una sociedad, reacciones que se fundamentan bajo la estela de lo que la psicología evolutiva ha denominado “ la lógica de lo apropiado” que no es más sino la tendencia de las personas a actuar conforme a lo que perciben como apropiado sobre la base de su interacción en la sociedad.

No obstante la asimetría en las reacciones humanas ante determinados eventos, ese concepto de “lógica de lo apropiado” ha decantado por crear un punto común social, nuestro evidente “fetichismo normativo”, somos una sociedad que nos formamos en esferas excluyentes pero que se unen por un clamor común hacia las normas, es inevitable que ante hechos que nos exasperen socialmente pensamos: ¿y si se imponen más sanciones? ¿Y si se establecen más normas para regular una determinada conducta de corrupción? y así, vivimos en una sociedad fetichista de normas, donde le rendimos culto a la norma escrita, situación que ha creado de facto un grueso e incalculable sistema legal.

Lo anterior, ha generado un sistema de política pública legalista – normativo-, frente a lo cual resulta necesario cuestionarnos ¿realmente a través de la expedición de normas conseguiremos lo que queremos como sociedad? Valga aclarar, que este tributo normativo no es un mal de nuestro país, de hecho es una tendencia generalizada en diversos sistemas jurídicos, tendencia que tuvo su génesis en el antropocentrismo, el contractualismos y la economía clásica, corrientes de pensamiento que modelizaron al hombre en el centro del universo, como un homo economicus, lo cual se traduciría en que somos hojas de Excel sacando utilidades marginales y decidiendo exclusivamente sobre las mismas y como herramienta de racionalidad por excelencia el convencionalismo privado y social, lastimosamente y dados los resulta empíricos que nos arroja la realidad, resulta que si bien podemos centrarnos en el centro, la racionalidad es limitada y el convencionalismo solo es una respuesta teórica y no del todo efectiva para conjurar la realidad,  prueba de ello lo podemos encontrar en los sistemas carcelarios, en la convivencia o en cualquier foro de opinión sobre la paz.

Así las cosas, en un mundo absolutamente racional y legalista, bajo el marco del homo economicus, lo más deseable y lógico sería imponer reglas de conducta, las cuales serán procesadas por esos seres superiores racionales y que serán acatadas en pro de evitar las consecuencias de no hacerlo, pero, ¿qué hacer en una realidad poco racional y con serias tendencias a lo irracional?, no valdría la pena repensar el modelo de estructuración de políticas públicas y de producción normativa sobre cómo enfrentamos como sociedad a los diversos dilemas de nuestra existencia conglomerada. Frente a esto, considero que quizás convendria cuestionarnos antes de desarrollar una norma más, si la misma es el medio idóneo para el fin determinado. Sobre este punto podemos emplear diversas disciplinas y enfoques para así empezar a entender mejor las diferentes dimensiones del ser humano más allá del deber actuar conforme a una norma, es por eso que considero que la acción del Estado debe ir más allá de la norma, entender que la dimensión de su intervención no se termina en la expedición de una ley y que las situaciones no mejoran con la mera publicación de un texto legal en el Diario oficial, quizás convendría más un consenso social para enriquecer la función pública, para articular programas y sobre todo para entender el complejo mundo de las decisiones “racionales” de las personas, entendiendo que la función de los formuladores de política pública no se agota en un texto y les asiste la responsabilidad social y técnica de ir mas allá en sus funciones, porque lo que se trata aquí no es un bien menor, se trata quizás del rumbo y de la viabilidad que tenemos como sociedad, porque al final, no son las normas las que definen una sociedad y un Estado, son las personas y sus actuaciones sobre las cuales se define la grandeza o la miseria de una Nación, en especial cuando se articula un proceso de paz.

Escrito por: Juan Camilo Rojas Arias

Abogado, con especialización en derecho comercial y con dos Maestrías en: Derecho Internacional y en Derecho económico y Políticas Públicas.l

Actualmente optando por la candidatura a Doctor por la Universidad de Salamanca España.

Correo electronico: camilor99@hotmail.com
 
Cuenta twitter: @camilora9

 


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