LA CRISIS DEL SISTEMA DE TRANSPORTE PÚBLICO EN BOGOTÁ

“En todos los hombres está presente la corrupción: sólo es una cuestión de cantidades.”

LA CRISIS DEL SISTEMA DE TRANSPORTE PÚBLICO EN BOGOTÁ

El Alcalde de Bogotá D.C Enrique Peñalosa, a partir del primero de abril, aumentó en $200 la tarifa de los pasajes de Transmilenio con el fin de “optimizar” el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) y las troncales (TRANSMILENIO), apoyando su decisión en el déficit económico que presenta la acción del sistema; puesto que es el Distrito quien a la fecha debe compensar los costos de operación del hueco financiero de TransMilenio siendo en el 2016 de 800 mil millones de pesos.

 

Echemos un vistazo al histórico de Transmilenio; las primeras fases I y II se desarrollaron entre los años 2001 y 2005, cubriendo las rutas del norte y el sur de la ciudad, la escandalosa fase III que arrancó en el año 2012 conectó la calle 26. Siendo las únicas que se han implementado a la fecha, cabe resaltar que Transmilenio no es una empresa pública sino más bien de economía mixta, la inversión en la adecuación de las vías, la instalación de las troncales y la construcción de las mismas, son asumidas con el erario público, la operación, es decir, buses “articulados”, conductores, mantenimiento, personal y de más supuestos de funcionamiento lo realiza la empresa TRANSMILENIO S.A ¡o así es como debería ser!

 

La polémica adjudicación en los contratos otorgados para la operación de TransMilenio en las dos primeras fases del sistema, creo un índice de desconfianza en la ya maltrecha economía capitalina, debido a que los articulados utilizados para la prestación del sistema, se pagaron alrededor de diez veces cada uno, “TransMilenio funciona para los operadores no para la gente” comento en el 2014 para la revista semana el Representante a la Cámara Carlos Guevara, la empresa que presta el servicio del transporte bogotano no asume el costo de los vehículos que movilizan diariamente a millones de ciudadanos, este valor debe ser cubierto por cada usuario del sistema, que en conjunta paga por el rodamiento de los articulados, dilucidándose la falta de buses en las horas pico, actividad que ha sido denunciada como una estrategia de los operadores para no maltratar en parque automotor y obtener mayor rentabilidad extendiendo la vida útil de los vehículos; alarmante panorama teniendo en cuenta que dichos costos tendrían que ser asumido por la empresa o consorcio ejecutor dejando claro está, poco o nada de credibilidad en el momento de intentar explicar porque TransMilenio se encuentra en crisis, sin suficientes recursos económicos para la prestación de un servicio de calidad.

 

En el año 2015, el entonces Gerente de la organización empresarial TRANSMILENIO Sergio París, en una entrevista concedida a la Casa Editorial El Tiempo, manifestó que el déficit de TRANSMILENIO para el año anterior (2014)  había sido de $643.000 millones de pesos, resumiendo que dichos problemas financieros recaían en factores globales, como el alza en el petróleo y el creciente aumento del valor del dólar frente a la depreciación del peso; en este orden de ideas, concluía informando que el valor por usuario de TRANSMILENIO oscilaba entre los $ 3.442 y los $2.452 mientras que el costo cancelado era de apenas de $1.800, razón por la cual la inmediatez de un alza en el valor del pasaje para ingresar al sistema era inminente para cubrir el gran vacío existente.

 

El valor del ingreso al ya casi único Sistema de Transporte Público Masivo aumentó $200 para él 2015, lo cual no fue suficiente ya que para este año 2017 $200 pesos más se cobraran a los bogotanos, afirmando el Distrito que se tuvo en cuenta la capacidad de pago de los ciudadanos, sin embargo si se realiza tan solo una aproximación al promedio de gastos de un trabajador normal que devenga un salario mínimo legal mensual vigente en Bogotá, tendríamos que siendo el SMLMV para el 2017 de $737.717 más $83.140 de subsidio de transporte, es decir un total de $820.857 menos $132.000 de gasto vehicular promedio, tomando solamente, claro está dos transportes de $2.200 diarios, dejando como excedente $688.857 que tienen que ser distribuidos en vivienda, educación, vestuario, alimentación y recreación mensual retomando, sin querer, el tema de la columna anterior “corrupción”; es más que obvio que el inmenso hueco fiscal de TRANSMILENIO no se debe al sobre costo del valor por usuario transportado frente al costo de operación por el mismo, o a los colados, o a los subsidios otorgados y que ahora fueran arrebatados a muchos bogotanos, toda vez que el puntaje para los subsidiados del SISBEN fue reducido con el fin de abarcar cada vez menos personas.

 

¡Claro que no! los problemas económicos del sistema no tienen otro nombre más que el de la ya muy conocida “corrupción”. Aunque las excusas y justificaciones que ha presentado el Distrito a la fecha, convenzan a los ciudadanos con cifras exorbitantes que tienen que ser asumidas por ellos mismos, dado que la tajada del pastel llamada TransMilenio con el tiempo ha sido más difícil de repartir debido a la politiquería distrital mientras tanto, triste pero cierto, los capitalinos están obligados a continuar patrocinando los desajustes económicos teniendo en cuenta que igual de lejos está la construcción de un metro para Bogotá como TransMilenio de superar el déficit fiscal que supuestamente recae en el sobrecosto de operación. Por lo tanto se debe seguir conteniendo la respiración para hacer un espacio en los ya muy congestionados buses, teniendo en cuenta que la posibilidad de cambio solamente existirá cuando nos percatemos que la prestación de los servicios masivos como lo es el transporte público de la Capital de la Republica de Colombia no es un favor; es un derecho.

Autor:

Carlo Alberto Pisani Dossi

Escritor y Diplomatico Italiano

 


Compartir

Comentarios


Artículo sin comentarios

Escribe un comentario